Las defensas bajas nos hacen más susceptibles a padecer enfermedades. Si este es tu caso debes modificar la lista de alimentos que consumes. Una buena alimentación que aporte todos los nutrientes y sin muchas grasas es la mejor manera de fortalecer nuestro sistema inmunológico. Está demostrado que si reducimos el contenido de grasa, la actividad inmunológica aumenta. Es cierto que las personas con sobrepeso se enferman con mayor frecuencia, pero también las que hacen dietas muy estrictas o las muy delgadas.
Por otro lado los excesos del verano también contribuyen a debilitar nuestras defensas, justo en el momento que más las necesitamos para enfrentarnos a los cambios de tiempo y al estrés laboral.
Como primera medida para proteger nuestro sistema inmunológico te aconsejamos tener en cuenta las siguientes pautas:
•Sigue una dieta variada, basada en alimentos frescos y ricos en vitaminas y minerales.
•Evita el tabaco y el alcohol.
•Cuando tomes una ducha alterna la temperatura del agua (fría y caliente). Estos cambios estimulan la circulación sanguínea y fortalecen las defensas del organismo.
•Plantas medicinales como la equinácea, tomillo, escaramujo, hojas de grosella negra o el espino amarillo son beneficiosas para nuestro sistema inmunológico. Consulta en una parafarmacia acerca de la mejor forma de ingerirlas (comprimidos, infusiones, etc).
•Duerme lo suficiente, ya que estudios muy recientes relacionan el sueño con nuestro sistema inmunológico. Recuerda que un buen descanso es sinónimo de salud física y emocional.
•Realiza una actividad física moderada de forma regular. Por ejemplo puedes caminar, nadar o montar bicicleta media hora todos los días o una hora en días alternos.
•Evita el estrés, uno de los principales enemigos de nuestro sistema inmune. Es esencial que aprendas a llevar un ritmo de vida más relajado. Si consideras que estás atravesando un periodo emocionalmente difícil conversa con un buen amigo y busca grupos de apoyo.

























ido a su alto contenido en silicio.










a cavitación, que son ondas ultrasónicas moduladas en múltiples frecuencias.




Los avances tecnológicos en medicina han permitido usar los ultrasonidos a baja frecuencia para la reducción de la adiposidad localizada, muchas veces conocida más por los populares nombres de cartucheras, michelines o papada.Esto también ha hecho que cada vez sean más populares nombres como el de la cavitación o ultracavitación. Las ondas ultrasónicas a baja frecuencia tienen varios efectos útiles para combatir los acúmulos grasos. Se produce lipólisis de los ácidos grasos de los adipocitos (células cargadas de grasa), debido a un fenómeno conocido como cavitación estable, y un aumento en la permeabilidad celular de los adipocitos. Se obtiene un aumento de la fluidez de los triglicéridos. Además, se produce una ruptura de las fibras a través de una acción mecánica (“jet stream”). Finalmente, parte del contenido de los adipocitos es metabolizado por el hígado y eliminado por vía urinaria, por lo que siempre se recomienda beber agua en abundancia tanto el día del tratamiento como los días posteriores (extracto de suplemento de "Salud" de 

