jueves, 10 de marzo de 2016

¿QUÉ ES LA TANOFOBIA?

En cierto modo la tanofobia es el trastorno psicológico opuesto a la tanorexia, pues se manifiesta como un miedo irracional al sol utilizando como argumento los perjuicios que la exposición a la radiación ultravioleta puede tener para la salud, pero sin considerar los perjuicios que puede causar al organismo la falta de exposición al sol.
Los tanofóbicos son personas obsesionadas con protegerse del sol. Utilizan sombrero, gafas de sol, ropa especial para filtrar la radiación ultravioleta sin apenas dejar piel expuesta, incluso utilizan paraguas cuando están en la calle o en la playa y recurren a filtros solares de máxima protección que se aplican constantemente. El resultado es que, en contraste con el bronceado extremo de los tanoréxicos, su piel está siempre blanca hasta el punto de presentar un aspecto poco saludable.
La tanofobia nace de la obsesión por los riesgos de tomar el sol: el cáncer de piel, la degeneración macular, la queratitis actínica, las cataratas, las quemaduras, el envejecimiento prematuro de la piel, etc. Sin embargo, esta obsesión por la protección solar tiene también consecuencias graves.
La más importante es la que deriva del hecho de que su organismo no sintetiza suficiente vitamina D, para lo que es necesario que la piel esté expuesta al sol. Y esta vitamina es esencial para fijar el calcio en los huesos, por lo que a medio y largo plazo la tanofobia puede ocasionar primero una osteopenia y posteriormente una osteoporosis.
Pero además la vitamina D cumple también una importante acción protectora frente a determinados tipos de cáncer, como el de mama, colon o próstata, e incluso el propio melanoma. Por ejemplo, hay estudios en los que se ha demostrado que las personas que tienen unos niveles elevados de vitamina D tienen un 40% menos de posibilidades de desarrollar un cáncer de colon, mientras que las mujeres con cáncer de mama que presentan un déficit de esta vitamina  tiene un 50% más de posibilidades de sufrir metástasis y un 73% más de posibilidades de fallecer por esta causa, que aquellas otras que tienen niveles elevados de la misma en sangre.
No hay que olvidar tampoco lo beneficioso que una exposición moderada al sol resulta para enfermedades como la psoriasis, la tuberculosis o como factor protector frente al cáncer de piel.
Lo que marca a la tanofobia como un trastorno obsesivo es el hecho de que basta con una exposición de 15 minutos tres días a la semana para tener unos niveles de vitamina D suficientes y tampoco es necesario estar directamente expuestos a la radiación solar, sino que se pueden obtener estando incluso a la sombra. Pero los tanofóbicos no contemplan esta posibilidad, de ahí que su miedo irracional al sol sea considerado un trastorno psicológico que requiere tratamiento.

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